Leticia Torres en ceremonia durante su formación
Quién te va a acompañar

Empecé en 2017, sin saber lo que estaba empezando

Soy Leticia Torres. Fui a mi primera constelación de la mano de una amiga, más por curiosidad que por certeza.

Durante gran parte de mi vida había ocupado, sin darme cuenta, lugares que no me correspondían: fui de alguna manera la mamá de mi mamá, de mi papá y de mi hermano. Cargaba, sostenía, resolvía y asumía responsabilidades que iban mucho más allá de mi lugar.

Ese día trabajé la relación con mi mamá, que entonces vivía conmigo. Cuando volví a casa, me dijo que había decidido mudarse con mi hermano.

No entendí del todo lo que había pasado. Pero algo dentro de mí sabía que se había movido. Algo había empezado a ordenarse.

Ese día me enamoré profundamente de lo que había vivido.

Después vinieron dos años de formación y un viaje a Colombia para graduarme. Y desde ahí, cada puerta abrió otra: hipnosis, tarot, biodescodificación, alineación de chakras, Munay-Ki. Una iniciación con una comunidad indígena shipibo en la Amazonía peruana, junto a la maestra Matilde, donde aprendí desde la experiencia, el respeto y la escucha.

Y después la India, que para mí fue mucho más que un viaje. Llegué queriendo conocer religiones y filosofías, y terminé encontrándome con preguntas mucho más hondas sobre el alma, el cuerpo y la muerte. Ahí entendí cuántas de las verdades que damos por absolutas dependen de la cultura y de la conciencia desde la que miramos. Y aprendí a ver la muerte de otro modo: no solo como un final, sino como una transición.

Con el tiempo entendí que ninguno de esos caminos llegó por separado. Cada uno me dio una pieza. Pero el aprendizaje nunca estuvo en acumular certificaciones: estuvo en vivirlos, en cuestionarme, en atravesar lo mío, en soltar, en volver al cuerpo, en escuchar el alma. Y en regresar, una y otra vez, a mi lugar.

Empecé buscando respuestas afuera, y poco a poco me fueron llevando hacia adentro.

Dónde aprendí lo que sé

No lo leí. Lo viví.

Cada uno de estos lugares me dio una pieza. Ninguno me dio un certificado que valga más que haberlo atravesado.

Leticia Torres durante su iniciación con una comunidad indígena shipibo en la Amazonía peruana
La AmazoníaIniciación con una comunidad indígena shipibo, junto a la maestra Matilde. Aprendí desde la experiencia, el respeto y la escucha.
Leticia Torres en el río Ganges, en India
El GangesAhí aprendí a mirar la muerte de otra manera: no solo como un final, sino como una transición.
Leticia Torres en oración durante su viaje por India
IndiaLlegué buscando religiones y filosofías. Salí con preguntas mucho más hondas sobre el alma y el cuerpo.

No vine a ocupar el lugar de nadie.
No vine a cargar lo que no me pertenece.
Vine a honrar mi historia, integrar lo aprendido
y ocupar plenamente mi propio lugar.

Y desde ese lugar, acompañarte a encontrar el tuyo.

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